sábado, 23 de febrero de 2013

“Discreto, exclusivo, sugerente”


Aprovechando la estructura de un proyecto de mini edificio de alto nivel, fallido por la crisis y ahora marchita por el tiempo, se anunciaba en 2011, un nuevo concepto de hotel para parejas. Curioso concepto. El proyecto de edificio se encuentra en la calle Francisco Silvela, casi haciendo esquina con Príncipe de Vergara, en los aledaños de la Avenida de América.
 “No importa cuando llegues” -susurraba el eslogan del cartel publicitario-. “Si eres importante te esperan”-añadía-. “Discreto, exclusivo, sugerente” –susurraba de nuevo, insistente, más abajo-.

Analizando, a vuela pluma y sin mucho tiempo, ni demasiado interés, del mencionado anuncio se intuye o presume un reclamo o incitación al uso, para fines sexuales, de la instalación publicitada. Todo parece indicar que se trata de un establecimiento pensado para facilitar encuentros furtivos y citas clandestinas entre conocidos.  Pero también, por lo que se deduce, contactos entre desconocidos. Especialmente si son importantes; si tienen pasta.

Siendo la instalación una casa, que se llama hotel, para usar conjuntamente sin prisas, a instancias del interesado, bien parece ser lo que siempre se llamó una casa de citas. Casa de lonocinio, casa de tolerancia, de tratos. Casa de mujeres públicas. Casa de putas, prostíbulo. De donde se infiere que el lugar ha de ser frecuentado por clientes habituales y/u ocasionales del servicio –pero familiarizados con él- y profesionales o eventuales de la profesión.  

Puta, puto, prostituta,prostituto, según el diccionario de la RAE, persona que mantiene relaciones sexuales a cambio de dinero. Ramera, mujer cuyo oficio es la relación carnal con hombres. Puto, hombre que tiene concúbito con persona de su sexo. Chapero, homosexual masculino que ejerce la prostitución.

En fin, múltiples categorías para denominar una actividad que nunca muere, imperecedera, a pesar del gran daño, trabajo, fatiga o molestia que pueda ocasionar a quien la ejerce, a costa de la falta de virtud y categoría moral de quien la solicita y obliga en informal contrato.

Llama la atención la foto. Y de la foto, llama la atención el cartel. Y del cartel llama la atención el anuncio. Un anuncio entre anacrónico –por su contenido- y actual -por la vigencia de lo anunciado- que, sin embargo, muy probablemente pasaría desapercibido y muy pocos reconocerían el mensaje. El cartel permaneció descaradamente altivo hasta 2012. Seguro que casi nadie se percató de su presencia. Y seguro que muchos conocen dónde está este nuevo concepto de hotel. Por si se diera el caso...

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