miércoles, 6 de agosto de 2008

Operadoras de telefonía. Sigue el abuso




Del verde al naranja y te timo porque me toca

Voy a contar la historia de un ciudadano sometido. Este ciudadano, honesto y honrado, vive bajo el yugo opresor de las operadoras de telefonía, a la que los estados modernos les dan patente de corso para hacer y deshacer a su antojo, según sus intereses.
Cuando un honesto y honrado ciudadano que paga sus impuestos y que no se mete con nadie, contrata los servicios de una empresa de telefonía debería tener claro que lo que en ese momento firma es una autorización voluntaria para que abusen despiadadamente de él, sin el menor enojo y con el visto bueno de las autoridades.

Como esta es una experiencia vivida por casi todo el mundo, a nadie le sonará una novedad lo que cuento. Esta es una historia de amenazas, de desprecios, de irresponsabilidad, de cicatería, de mentiras, de avaricia, de explotación, de engaños, de usura. En una palabra, una historia de abusos –deshonestos-.

La amenaza de la telefonía se viste de todos los colores. De colores amables y festivos. Es el lobo disfrazado con la piel de cordero. Toda la amabilidad y las facilidades a la hora de contratar, son malos gestos, dificultades y palabras hueras a la hora de solicitar un servicio que se parezca al ofrecido. Y esto es especialmente así cuando la intención es la de darse de baja. La letra pequeña y las cláusulas leoninas son aterradoras e insultantes.

Es la historia que siempre se repite: la ley ampara al poderoso frente al débil. El hecho de perder clientes para estas empresas, es una eventualidad que les preocupa poco. La similitud en la calidad del servicio, precios parecidos, la misma letra pequeña y los mismos nefastos servicios de post-venta, a través de mal pagados y desmotivados operadores de "call centers" deslocalizados en Marruecos o Argentina, hacen que el honesto y honrado ciudadano se sienta con poco ánimo para vover a comenzar el mismo vía crucis desde otra compañía. Son el mismo perro, con distinto collar, aunque cambien de color. Y, por cierto, la situación de estas empresas es lo menos parecido a la libre competencia, ese componente del sistema económico tan cacareado que, según dicen, regula el mercado y los precios. Aquí parece que algo no encaja.

La historia de este ciudadano cabreado, tal vez no suscite demasiado interés pués, como digo, es harto conocida la desfachatez con la que nos tratan las dicharacheras, divertidas y publicitadas operadoras de telefonía, que tan libres y felices nos hacen sentir. Estamos tan habituados al abuso que lo toleramos y a través de nuestra indiferencia, lo fomentamos.

Cuando nos vemos obligados a llamar a ese enojoso número de des-atención al objeto de abuso –el honrado ciudadano, también llamado cliente-, no siempre gratuito, la primera sensación de amena-za se presenta ante la impotencia de no saber a quién recurrir, ni qué hacer exactamente. La amena-za multicolor con el tiempo se volvió verde y más adelante naranja, pués son estos los verdaderos especialistas en el engaño. La sensación de desprotección aumentó. No solo porque el tiempo es-timado de respuesta ante las quejas por mala calidad en el servicio se dilataban, también porque cada vez fueron mayores las quejas, peor el servicio y, finalmente mayor la impotencia.

El verde lechuga se transformó en naranja cítrico y la experiencia de sentirse exprimido como una naranja fue ya insufrible.

Al ciudadano, desesperado usuario, le quedaba el consuelo de los tontos, ese que hace que nos sintamos mejor sabiendo que no estamos solos en la desdicha y que siempre habrá alguno que esté mucho peor que nosotros. Esto último poco probable si no eres víctima de los naranjas, antes verdes.También sabemos que estas empresas de la in-comunicación son las que más quejas ciudadanas reciben ante los incompetentes organismos que gestionan las referidas quejas , aunque sepamos también que de nada sirve saberlo, ni menos todavía quejarse, pués, a la vista está, que no pasa nada y la norma sigue siendo que el abuso continúa.

Así, sin saber qué hacer ni qué decir, al honrado ciudadano, aburrido de esperar al teléfono naranja a que le den una solución, tal vez le quede el poco efectivo recurso de comentarlo a conocidos y familiares, para acabar concluyendo: “¡Qué poca vergüenza tienen estos naranjas..!”, o algo por el estilo.

3 comentarios:

Carolina dijo...

Yotambién he tenido experiencias negativas con varias compañías. Todas se mueven en los mismos términos y son igual de explotadoras. Los contratos están llenos de trampas y cuando te quieres dar de baja buscan el modo de que te quedes con nuevos engaños. No se que hace el gobierno que permite tanto abuso.

Alfredo dijo...

Telecos, bancos, compañías aéreas, petroleras, eléctricas... Son oligopolios que hacen y deshacen a su antojo. Y mientras tanto los neoliberales nos intentan vender la moto de la libre competencia.

Enrique Fidel dijo...

Es triste, pero estamos en sus manos. Y nada cambiará. A pesar de ello bueno será que protestemos...