viernes, 1 de diciembre de 2006

Democracia e Internet

Publica El País en su edición del 1/12/06 una crónica de Octavi Martí acerca de los referentes intelectuales e ideológicos de Ségolène Royal, candidata socialista a la presidencia de la República francesa.
"En el horizonte intelectual de Ségolène Royal -dice Martí- está Pierre Rosanvallon, historiador y animador de un foro de reflexión llamado La Republique des idées. Sus libros Le modèle politique français (2004), Le peuple introuvable (1998) y La démocratie inachevée (2000) explican los límites de la soberanía popular en Francia, la lucha de la sociedad civil contra las élites y los defectos del sistema representativo".

Pierre Rosanvallon estudia el desarrollo de la crisis del estado de bienestar y los mecanismos de representación. Plantea la lucha de la sociedad civil contra las elites políticas y pone en duda la legitimidad moral en la representación de los partidos. Afirma Rosanvallon que en la actualidad nos encontramos en el tercer periodo de la crisis del estado de bienestar que se inició en la década de los 70. En estas tres décadas el debilitamiento del sistema ha evolucionado desde la crisis financiera e ideológica a la crisis filósofica en la que nos encontramos en este momento. Los años 80 generaron la sospecha de que el Estado sería incapaz de solucionar los problemas derivados del funcionamiento del sistema, poniendo en duda las instancias burocráticas y generando una corriente deslegitimadora de las propias instituciones. El sistema representativo parece no ser lo suficientemente válido y por ello aníma a los ciudadanos a participar de forma activa, más allá del básico y distante ejercicio del voto esporádico, con movilizaciones y la difusión de sus opiniones a través de tribunas públicas como la prensa o internet. Es posible ejercer el poder ciudadano de influir en las decisiones y en las voluntades de las elites políticas a través de nuestra participación activa en internet, en los blogs, por ejemplo, presionando y canalizando el control a las instituciones y a los partidos de un modo más directo por medio de nuestra implicación cibernética, denunciando, publicando, opinando y, en definitiva, participando activamente en la vida política. Todo lo contrario a delegar nuestra voluntad en la de los representantes de los partidos que nos pedirán nuestra opinión cada cuatro años.

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