jueves, 16 de noviembre de 2006

El efecto "tuneladora"

N
o puedo resistir la tentación y con el ánimo de redundar en lo dicho en la entrada anterior, recupero el primer texto que publiqué en este blog "Estaba el Señor Don Gato..." hace más de diez meses.
La intención y el ánimo siguen siendo los mismos ahora que entonces, con la diferencia de que tras casi un año, como ya dije, la basura se acumula y el hedor se hace insufrible. Lo titulo El efecto tuneladora, en referencia a esos despiadados vermes que trepanan la blanda y escasa materia cerebral de los humanos y acaban por convertirnos en un elemento más de la butaca en la que nos acomodamos para ver la tele.
Al final siempre habrá tiempo para que el milagro se produzca y es posible que despertemos antes de que el gusano llegue al cerebro.




El efecto tuneladora

En doce horas seguidas viendo la televisión sin parar no he podido volverme peor. Un trasunto de mí mismo, anodino, sin fuerza de voluntad, totalmente atolondrado. Casi no me he movido del sofá. He llamado a un telemotopizza y he estado comiendo triángulos irregulares de masa de pan, primero humeantes y pringosos, al final resecos e igual de pringosos. Es curioso como la basura genera basura y más basura. Durante las engañosas publicidades a veces aproveché para ir a la cocina a orinar en cualquier esquina o para ir al retrete a por más comida y bebida. La mayor parte de las veces hice zapping compulsivamente. Cambiaba de canal uno tras otro hasta agotar los cuarenta y tantos que veo en mi tele. Y así tres o cuatro veces hasta que veía algo que creía que me iba a gustar. Otras veces he visto completos los bloques de anuncios de diez y doce minutos. Ha sido una experiencia demoledora. El cerebro y la voluntad se desmoronan casi al instante convirtiendose en materia inerte. No hay capacidad para pensar en nada. Sólo se deglute lo que sale de la tele y nada más. No he sentido más necesidad que las meramente fisiológicas y el deseo de seguir frente al televisor. Así durante doce horas. Cuando he visto un anuncio de cocacola he sentido ganas de tomarme una, cuando he visto un anuncio de una fragancia encapsulada y luego otro de un coche, los dos con una chica guapísima de gancho he sentido ganas de hacer el amor con la fragancia dentro del coche, mientras la chica se tomaba una cocacola en el WC. Doce horas son muchas horas viendo la televisión y pocas para el veloz embrutecimiento que me ha producido. Es el resultado de la leucotomía audiovisual televisiva o el efecto "tuneladora" que ya llaman los más perspicaces. Me pregunto cúal será el límite del cerebro humano antes de sucumbir ante las imágenes hipnotizantes que trepanan nuestra blanda materia cerebral. ¿Cuántas horas de televisión seremos capaces de ver a lo largo de nuestra vida antes de caer en sus redes, ya sin remedio? Yo, a pesar de permanecer doce horas seguidas en total inactividad cerebral viendo la tele, creo que apenas me rozó las meninges el cruel berbiquí y todavía me podré recuperar. Ahora mismo me voy al retrete a vomitar todo y, por ejemplo, a leer un libro.

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VERSION EN INGLÉS


The effect “tuneladora” (tunnel drill)


In twelve consecutive hours watching the television non-stop I could not have turned worse. A copy of myself, bland, without will power, totally giddy. I hardly have moved from the sofa. I have called a telemotopizza and have been eating irregular triangles of a mass of bread, first steaming and greasy, then dry and equally greasy. How curious it is the way garbage generates garbage and more garbage. During the misleading advertisings sometimes I went to the kitchen to urinate in any corner or to the lavatory for more food and drink. Most of the times I did zapping compulsively. I changed one channel after other until exhausting the forty I see in my TV. And this way three or four times until I saw something that I believed that was going to please me. Other times I watched complete blocks of announcements of ten and twelve minutes. It has been a devastating experience. The brain and the will crumble almost to the instant turning into inert matter. You cannot think about anything. You only swallow what comes out of the TV and nothing else. I have not felt but the physiological needs and a desire to be in front of the TV. It has been like that for twelve hours. When watching a coke spot, I felt like having one. When watching a perfume spot, and then a car one, with a gorgeous girl as a lure, I felt a desire to make love smelling that fragrance inside the car while the girl was drinking the coke in the lavatory. Twelve hours are many hours watching TV and few hours if you think of how quickly rudeness has taken hold of me. This is the consequence of the audiovisual leucotomy or the so-called tunnel drill effect by some perceptive people.
I wonder how far the human brain can go before succumbing before the hypnotic images that drill our soft cerebral matter. How many hours of television we will be capable of seeing through our life before stumbling in its nets, already without remedy? In spite of having remained twelve hours non-stop in total cerebral stagnation watching the TV, I believe that the cruel drill hardly touched my meninges and I will be able to recover. Just now I am going to vomit all to the lavatory where it came from and, for example, to read a book.

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