viernes, 6 de octubre de 2006

Curas violadores



Cuando un cura abusa de un menor, lo hace por amor y devoción. Porque le quiere. Cuando un menor calla y esconde el acoso, lo hace por vergüenza y miedo. La Iglesia Católica calla y esconde los casos de sus miembros enfermos que abusan sexualmente de niños porque tiene vergüenza y asco de lo que genera su propia institución.
Cuando un cura abusa de un menor, luego se confiesa ante Dios. Y Dios, que es magnánimo, le perdona el error. La pederastia no es pecado, ni delito en la Iglesia. Con tres "Padre Nuestro" todo queda arreglado. Ante estos casos flagrantes, la Iglesia cierra los ojos y calla, pero siente vergüenza de sí misma y lo demuestra mirando hacia otro lado. Todo se resuelve con una oración al Altísimo y el propósito de enmienda tan socorrido en los momentos críticos.
¿Cuándo se decidirán en Roma a dar el paso indispensable que corte de raiz la impunidad insultante que otorgan a los curas violadores? Sólo Dios lo sabe.

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