jueves, 18 de mayo de 2006

FÚTBOL Y VIOLENCIA




Ayer, venció el Barcelona Club de Fútbol (creo que ese es su nombre completo) la Liga de Campeones. Mucha gente salió a la calle en todo el país a celebrarlo. Barcelonistas y no barcelonistas. Catalanes y españoles. Fiesta, en una noche de mayo prematuramente calurosa. Noche, de verdad, bochornosa la de ayer. Y no sólo por el anticipado calor. La agresividad y la violencia desencadenada en los alrededores de Las ramblas de Barcelona como muestra de la alegría por la victoria resultan incomprensibles. Haciendo un esfuerzo intelectual podemos entender la agresividad como una especie de barrera defensiva -tanto individualmente como colectivamente- o como válvula de escape frente a las frustraciones o la impotencia de quien la manifiesta. Así, la acumulación constante de tensiones, frustraciones, represiones, normas de conducta impuestas en clara contradicción con los códigos personales, etc, etc., etc., pueden generar determinadas actitudes agresivas o, incluso, violentas hacia el entorno. ¿Es posible que lo de anoche fuese un ejemplo de esta manifestación de tensión o "estress" emocional? Tras la celebración del triunfo del Barça se han realizado 45 detenciones por pillaje, destrozos en el mobiliario, enfrentamientos con la policía y rotura de escaparates y ha habido un saldo de 109 heridos, entre ellos un periodista y seis policías. Resulta enórmemente sospechosa la vinculación del fútbol, deporte de "masas" donde los haya, con la violencia dentro y fuera de los campos de juego.
Dicen los especialistas en la materia, que la agresividad es más genética y la violencia más social, algo así como una conducta aprendida. ¿Querrá decir ésto, que la violencia en el fútbol responde a patrones de comportamiento aprendidos? O, ¿es que el hincha futbolístico es potencialmente un sujeto agresivo por naturaleza y violento por simpatía e imitación?

Llama la atención que este tipo de situaciones se repitan sin más eco que el del titular del día. Institucionalmente nada se hace. Aún más, parece que se justifica. Y mientras tanto, cualquier gilipollez del memo de turno puede acaparar los debates del hemiciclo del Congreso, ocupar los titulares de varios días en los periódicos, capitalizar las tertulias de radio y televisión de varias semanas e, incluso, promover algún proyecto de ley. ¿Tal es el poder hipnótico del fenómeno futbolístico que impasibiliza a todo aquel que lo mire a los ojos? Fútbol cabal y responsable por parte de los clubes y/o cordura institucional ante el negocio del fútbol. Dos términos, al parecer incompatibles. Difícil ecuación.

No hay comentarios: