jueves, 9 de marzo de 2006




Recojo del periódico digital El Plural un interesante artículo de opinión firmado por Enric Sopena. Lo reproduzco tal cual con el permiso tácito del autor y de quienes lo publican. Me parece altamente positiva su visión de los hechos de manera honesta, sin mayores aditamentos, haciendo simplemente honor a la verdad.


Cabos sueltos
La Ley de la Igualdad
Mariano Rajoy ha conmemorado a su modo el Día de la Mujer trabajadora. Es decir, lo ha hecho metiendo lamentablemente la pata y, por otra parte, exhibiendo una vez más la escasa sensibilidad de la derecha en orden a la defensa de los derechos civiles.
Porque conviene precisar que la discriminación de las mujeres en España, y no sólo en nuestro país, viene de siglos -aunque se haya atenuado en los últimos tiempos- y vulnera los derechos civiles que la Constitución garantiza en cuanto al principio de igualdad entre ambos sexos. Esta igualdad es todavía más teórica que práctica. La Ley de la Igualdad, patrocinada por este Gobierno, es una ambiciosa legislación para consolidar el carácter igualitario de mujeres y hombres en todos los ámbitos. Puede ser tachada en determinados aspectos de un poco utópica o, según los pusilánimes, revolucionaria. La CEOE se ha opuesto de inmediato a la misma. Por lo visto, todavía hay empresarios, o representantes de empresarios, anclados en el siglo XIX. Pero todo cuanto contribuya al reconocimiento de los derechos de la mujer circula en la dirección correcta. La discriminación positiva en favor de las mujeres –prevista por esta Ley- es un instrumento eficaz, que no debe confundirse con una especie de varita mágica o de milagro de Lourdes. Cualquier proceso social tan complejo como el que nos ocupa no se encarrila de la noche a la mañana. No se trata de milagritos, sino de aprobar reformas necesarias. Para Rajoy este tipo de leyes imponen “obligaciones a la gente”. “Son leyes que luego no tienen efecto. Son propaganda”, añadió el líder de la derecha. Dijo esta lindeza demagógica -¿qué ley no impone obligaciones?-, en Ciudad Real, donde a propósito de la Ley de Paridad del Gobierno de Castilla-La Mancha en 2000, puntualizó que no se había cumplido del todo porque los socialistas “se habían cepillado a parte de las mujeres”. ¿Algún despropósito más? Sí. El Gobierno de Aznar recurrió la citada Ley de Paridad ante el Tribunal Constitucional. Y es que, a los conservadores españoles les ocurre como a sus amigos republicanos de Bush. Les molesta la discriminación positiva. En EEUU la impulsaron los demócratas en el camino de la igualdad entre blancos y negros.

ENRIC SOPENA
El Plural. Periódico Digital 08/03/2006

3 comentarios:

Cris dijo...

Las driscriminaciones positiva son necesarias para poder contrarestar los grandes obstaculos que ocasinan las discriminaciones ya existentes y enquistadas en sociedades como las nuestras. Por eso es necesario, por ejemplo, incentivar la contratación de minusvalidos a los cuales hasta no hace mucho tiempo, los teníamos como inútiles y se escondían porque provocaban bochorno y verguenza a sus familias. En el caso de la mujer, siempre se la obligó a mantener un rol y un estatus que nunca la permitiera asumir responsabilidades que se reservaban los hombres para si, con el fin de mantener el poder. Después de siglos de esta conducta, la discriminación positiva con la mujer, no hace más que contrarestar este mal endémico en el mundo. El día en que la sociedad deje de tener estos prejuicios no serán necesarias discriminaciones positivas.

Anónimo dijo...

Es evidente que la intención del gobierno es la de eliminar en la medida de lo posible las desigualdades que aún hoy existen en España y que cantan por peteneras. Ahora bien, no creo que la discriminación laboral se de ni en todos los sectores, ni en todas las empresas. No se puede generalizar. Más bien estas situaciones pueden estar circunscritas a actividades económicas muy concretas y para capacitaciones muy elementales.Por otra parte, me parece que no todas las mujeres quieren dejar de estar "gobernando" en su casa y, por tanto no desean trabajar fuera de ella. No trabajar fuera de casa no significa necesariamente discriminación para entrar en el mercado laboral.Además, parece que se está estigmatizando de algún modo el hecho de ser ama de casa. En buena lógica debería estar compensado como trabajo productivo el trabajo doméstico en la propia casa. Llevar adelante una casa, los hijos debe ser compatible con otras actividades, pero alguien lo tiene que hacer, uno u otro. Trabajar fuera no tiene que ser una obligación (sólo el imperativo económico lo justificaría enteramente)y el "abandono de la casa" cuando lo realizan ambos conyuges, supone que lo tienen que compensar terceras personas, lo que, tal vez, no siempre sea del todo conveniente. La cuestión de los hijos es, por tanto, un factor muy importante, que condiciona, pero que es esencial para la reproducción de la especie. Si no renunciamos a los hijos alguientiene que dedicarles más tiempo. También podrían cambiar los roles, lo que sería desvestir a un santo para vestir a otro. Creo que no se trata de eso. Habría que plantearse si el trabajo asalariado realmente humaniza y realiza con plenitud al individuo o, si por el contrario, de modo general, lo aliena y lo pervierte convirtiéndolo en un trasunto de él mismo que sólo sabe atender al sueldo del fin de mes. Dejar en manos de terceros el gobierno de la casa y de los hijos también supone perder vínculos con el hogar y con la familia. Así, puee ocurrir, que las generaciones de hijos de parejas que trabajaban fuera de casa, sean jóvenes y adultos carentes de afecto o de valores positivos que sólo se aprenden con el trato extenso y continuo de padres e hijos.
Por tanto, a pesar de que la integración en el mercado de trabajo de la mujer debe ser un elemento más en la lucha por las desigualdades, no debemos hacer de ésto una "cruzada", cuando hay desigualdades más flagrantes, anacrónicas e indignas, las cuales es prioritario eliminar, máxime cuando no son todas las mujeres que se quieren parecer a los "hombres"...

Cris dijo...

El hecho de que una mujer no quiera estar discriminada no significa que se quiera parecer al hombre. Se trata de tener libertad para elegir en igualdad de condiciones y en igualdad de oportunidades. Hoy en día, si de forma mayoriataria son ellas las que ocupan los puestos peor remunerados, son las que se ocupan mayoritariamente de la casa y de los niños, y son las que menos cobran a igualdad de trabajo, no es porque lo hayan elegido así, sino porque lo impone la sociedad, cada vez menos, pero cracias a politicas de igualdad e integración, entre otras haciendo uso de la discriminación positiva.
Acabo de ver a Cuevas amenazar con que, si se aplica esta nueva ley... igual las empresas fomenten el efecto contrario, esto es, seguír discriminando por razón de sexo... ¿Quién se quiere parecer a este hombre?